Este es un artículo
médico escrito para la ciudadanía en general. A un año de las elecciones
generales del 2026, múltiples temas serán tocados y muchos pensarán que la
interrogante planteada pueda ser foránea a nuestra desinformada masa electoral,
pero es necesario difundir una verdad que permanece latente entre nosotros. Se
trata de la existencia de una población empobrecida que hace décadas, en el
silencio de lo que no es noticia, sufre por la desnutrición de madres gestantes
que producen recién nacidos con irreversibles taras genéticas y cerebrales.
El autor de esta nota
estudió en la Universidad de San Marcos y se graduó de médico en 1966. Su posgrado
de ocho años en los Estados Unidos incluyó cirugía general en la Clínica Mayo
de Rochester, Minnesota y cirugía pediátrica en el Hospital de Niños de
Michigan en Detroit. Vuelto al Perú tres veces, operó niños durante 22 años en
los Estados Unidos y 25 años en Perú.
¿Quién no ha visto niños peruanos que subsisten
en la pobreza? Estamos acostumbrados a mirarlos con su talla pequeña, flacos y
pálidos, viviendo en zonas periféricas y poblaciones alejadas o en la capital,
acompañando a familiares pidiendo limosna. Sin embargo, la
costumbre adormita la iniciativa y conduce a la indiferencia. Cada ciudadano
tiene por delante su propia realidad y la percepción de los problemas depende a
veces de revelaciones periodísticas.
En 1992 el Ministerio
de Salud reconoció dos crónicos flagelos sanitarios en la infancia: la anemia y
la desnutrición. La anemia, medida en infantes de 6 a 36 meses, afectaba a
68.7% y la desnutrición crónica a 36.5%. Su manejo consistió en una serie de
once ambiciosos programas nacionales, pero con mediocres resultados hacia 2005
(anemia 56.8% y desnutrición 31%). El prestigioso y recordado economista y
periodista Fritz Du Bois remarcaba en 2004 que “el problema con estos programas
fue la gran cantidad de instituciones a su cargo, pero sobre todo la
superposición de poblaciones objetivo y metas de los mismos”. Se estimó que
esos programas costaron unos 100 millones de dólares. Con el tiempo, la
prevalencia de la anemia pasó a ser reportada con frecuencia en diversos medios
noticiosos.
Un Decreto Supremo en
2018 estableció el denominado Plan Multisectorial de Lucha Contra la Anemia,
que involucraba nada menos que a 15 Ministerios, todo descrito en 124 folios.
Se presentaron 29 indicadores y metas nacionales y regionales. Considerando una
anemia de 43.6% en 2017, se fijó la meta de reducirla a 19% en 2021.
Lastimosamente, los resultados mostraron unas cifras de anemia de 38.8% para
2021 y 42.4% para 2022. En 2023 tuvimos 43.6% y para el primer semestre del año
pasado, 42.8%.
Finalmente, en
setiembre 2023, el Colegio Médico publicó un seminario de seis largas sesiones
que tuvieron lugar entre junio y agosto, titulado “La Anemia Infantil en el
Perú: Situación y Retos, una Nueva Perspectiva”. El documento de 218 páginas contenía
extensas discusiones de reconocidos especialistas, con el fin de analizar la
falta de resultados en la reducción de la anemia. Lo más rescatable fue que la
anemia reportada era ferropénica (bajo hierro) en menos del 50% de los casos y
la mayoría solo era del tipo nutricional (hierro normal). Como es sabido, la
administración de hierro ha sido ampliamente difundido entre la población. Fue
interesante que se reconociera la necesidad de dirigir las intervenciones hacia
la gestante.
Considero oportuno
relacionar las publicaciones de las autoridades sanitarias en las últimas tres
décadas con los datos del PBI per cápita. En 1992, la anemia era de 68.7% y el
2005 bajó a 56.8%. Entre 2000 y 2004, nuestro PBI per cápita promedió 1.5,
mientras que en el período 2005 - 2011 alcanzó un promedio de 6.42
gracias a la minería y la agro exportación. Consecuentemente, la anemia
descendió a 41.6% el 2012. Con el estancamiento de nuestra economía, el PBI per
cápita del período 2014 - 2018 retrocedió a 2.1 y la anemia subió a 46.8% el
año 2015. La izquierda mantuvo la pobreza en 30%, el Perú no creció y la anemia
se ha mantenido arriba del 40% hasta hoy. Esto nos permite sugerir el
intercambio de sustantivos a “lucha contra la pobreza”.
En efecto, es evidente
que la anemia es una manifestación o síntoma de la pobreza y depende por lo
tanto de un cambio reformista en el aparato gubernamental. El país tiene que
crecer para ofertar trabajo y bienestar, promoviendo la minería, el desarrollo
agrícola y las reformas sociales, decreciendo la informalidad, incrementando el
acceso a agua y alcantarillado, todo lo cual disminuirá la pobreza y su
inaceptable sintomatología.
Pero volvamos a los
niños que describíamos al inicio. Yo siempre he visto
esos impactantes escenarios cada vez que regresaba al suelo patrio.
Acostumbrado a tratar recién nacidos y fetos afectados con retardo en el
crecimiento intra uterino, me pareció evidente que la pobreza no solo
afectaba a niños con anemia sino mucho antes de que ellos nacieran. Solo
faltaba demostrar científicamente el mecanismo causante. Hace tres lustros,
junto con otros colegas, empezamos a revisar publicaciones internacionales de
reconocidos expertos manejando gestantes con carencias nutritivas en países en
vías de desarrollo. Encontramos unos 50 artículos escritos entre 2010 y 2020,
que describían intervenciones nutricionales en madres gestantes desnutridas y
sus recién nacidos; los seguimientos prolongados incluían la medición del
cociente intelectual de los niños a la edad de 8 años, demostrando el éxito del
manejo preventivo.
Nuestra investigación
motivó un reporte en la revista médica de la Universidad Cayetano Heredia en
junio 2021, titulado “Malnutrición Materno-Fetal: Revisión de la bibliografía
internacional y la urgencia de estudios, prevención e intervención en el Perú”.
Fue decepcionante comprobar la falta de publicaciones nacionales sobre el tema.
Nosotros concluíamos que nuestro empobrecido capital humano es originado por la
desnutrición de la gestante, que produce serias y frecuentes alteraciones en el
genoma del embrión y en el sistema nervioso fetal. Propusimos una agresiva
intervención nutricional en los primeros dos años de vida. Por otro lado, dejamos constancia que el consenso de
expertos estimaba que la prevención del problema requería de una fuerte
inversión necesaria no solo para la presente sino para la siguiente generación.
Revisemos, pues, la Desnutrición Materno-Fetal (DMF).
Desnutrición
Materno-Fetal
Se presenta en países
con una alta incidencia de pobreza. La desnutrición afecta a la gestante, originando
un fenómeno metabólico en el útero que altera el desarrollo de los genes y el
cerebro del feto. Muchos bebes fallecen en el vientre materno y los
sobrevivientes tienen un alto porcentaje de irreversibles taras genéticas y
cerebrales.
En 2021, un grupo de investigación neurológica
colombiano estudió la asociación de la nutrición de gestantes y el desarrollo
neurológico fetal. Revisaron 3,590 artículos publicados en las dos décadas
previas y seleccionaron 84 estudios. La abundante información demostró que
la desnutrición durante la gestación está relacionada con la falta de
crecimiento y maduración del cerebro del feto, afectándose la corteza cerebral,
el cerebelo, el hipotálamo y el sistema nervioso involuntario. Además, se
detallaron los efectos neurológicos causados por la falta de proteínas y ácidos
grasos como Omega 3, y los llamados micronutrientes, no solo hierro, sino
también iodo, vitamina A, ácido fólico y la colina de la vitamina B.
En el Perú, es evidente que en las últimas
décadas se ha establecido un círculo vicioso que lo mantiene cautivo en
el subdesarrollo: Pobreza – Desnutrición – Madre gestante desnutrida
-Neonato con taras genéticas y cerebrales. Ello nos hace pensar que tenemos
generaciones enteras de nuevos ciudadanos con profundas limitaciones
socioeconómicas y mentales. Creemos que aquí está la clave para explicar
nuestro subdesarrollo. El día que lleguemos a recuperar la democracia y la
libertad, lograremos disminuir marcadamente la pobreza y romperemos el círculo
vicioso señalado.
La “lucha contra la anemia” no ha tenido los
resultados esperados por nuestras autoridades sanitarias. Los avances
publicados en décadas anteriores están directamente relacionados con la
disminución de la pobreza y el consiguiente incremento del PBI per cápita de la
población. En cambio, consideramos que la Desnutrición Materno-Fetal,
prácticamente ignorada por el común de los peruanos, es el principal problema
de salud pública en el Perú. Este problema ha sido bien estudiado por expertos
nutricionistas en países en vías de desarrollo y su apropiado manejo
minuciosamente descrito. Solo nos quedaría aplicarlo entre nosotros, pues no
hay tiempo que perder. Sin embargo, sabemos que su prevención es un proceso
costoso que requiere de un tiempo prolongado. Además, esto solo se puede lograr
con el concurso de una institución autónoma, independiente de los avatares de
la política gubernamental e integrado por nutricionistas experimentados que,
sin duda, los tenemos.
Prevención de la Desnutrición Materno-Fetal
en el Perú
En la actualidad, tenemos un gobierno
ideologizado, con insuficiente gobernanza en salud y una frondosa corrupción,
que nos impide organizar, científica y económicamente, una cruzada nacional de
10 a 20 años de duración. La solución al
problema requiere dos grandes pasos:
I - Proyecto Piloto. Tendría
una duración de dos años, mientras se proponga y apruebe la constitución legal
del Instituto Autónomo de Prevención. El proyecto piloto consistirá en
organizar la intervención nutricional en 5 distritos de Lima Metropolitana,
siguiendo el trabajo pionero de Alan Lucas en Inglaterra. Se trata de
identificar a gestantes desnutridas en situación de pobreza y ofrecerles su
inclusión en el programa de prevención de la DMF. La intervención nutricional
se realizará a gestantes y recién nacidos, según hemos detallado anteriormente.
La metodología empleada permitirá el establecimiento de un programa que pueda
eventualmente ser aplicado a nivel nacional. Pensamos que este primer paso
sería administrado por la Municipalidad de Lima.
II - Creación del Instituto de Prevención de
la DMF. Organismo especializado y autónomo, tipo Banco Central de Reserva, para gestionar
a nivel nacional el programa aplicado en el proyecto piloto. Se trata de
asegurar la continuidad institucional y evitar la superposición de poblaciones
objetivo y metas de los mismos, según enseñaba Du Bois. Es fundamental trabajar
independientemente de influencias gubernamentales y políticas. La institución
deberá contar con un Directorio ad-honorem elegido cada uno o dos años, y con
prominentes profesionales médicos y técnicos peruanos contratados a tiempo
completo mediante estricto concurso nacional. El presupuesto será auditado
anualmente por acreditadas firmas nacionales o extranjeras. A nivel nacional,
los niños tratados serán seguidos por ocho años para medir su Cociente
Intelectual.
Un buen coeficiente de inteligencia infantil es importante para una vida
exitosa, para producir liderazgos y mejores logros escolares. Una fuerte
inversión es necesaria no solo durante la presente sino también en la siguiente
generación. Los fondos pueden venir de fundaciones extranjeras o nacionales. Es
urgente educar selectivamente a las mujeres que aún sufren de pobreza, darles
asistencia social por especialistas comunitarios y proveerles de nutrición y
suplementos. Nuestro capital humano florecerá y ocho años después podremos demostrar
que tendrá un futuro promisor. Este paisaje onírico requiere ser conocido,
estudiado y convertido en noticia por nuestros comunicadores sociales, cuyo
concurso es impostergable para lograr el despertar nacional que impulse la cruzada
propuesta. El Proyecto Piloto, seguido del Instituto de Prevención de la
Desnutrición Materno-Fetal, constituyen nuestra esperanza para lograr la
constante protección de nuestra descendencia hasta que ésta crezca las fuertes
alas que la eleven a las alturas del primer mundo.
Nota: Referencias bibliográficas a disposición de los interesados.
jorgeuceda@yahoo.com